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lunes, 30 de septiembre de 2013
jueves, 3 de enero de 2013
MAN
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viernes, 30 de septiembre de 2011
Estrechando lazos
Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido fuera de tiempo. En nuestra niñez, cuando queríamos ser tratados como gente grande. Nuestra adolescencia, en que queríamos tener nuestro coche, nuestra casa y nuestra independencia. Y nuestra vida adulta, en la que añoramos todo el tiempo pasado, y queremos volver a ser niños y desligarnos de tantos agobios de nuestra vida. Esto es algo en común que todos tenemos, sin importar nuestra generación o la época en que hayamos vivido. Puede que la edad importe al momento de hablar de ciertos temas, pero no debemos olvidar que hay tantos puntos de vista, como personas hay en el mundo, y podemos enriquecernos de todos ellos. No podemos volver atrás el tiempo, pero podemos darnos una idea de cómo veríamos todas esas cosas que nos emocionaron hace 20 años, hoy, si escucháramos las opiniones de quienes son 5, 10 o 20 años más jóvenes. Si gracias al uso de la red, podemos acortar distancias y romper fronteras, deberíamos intentar equilibrar las edades, explicando a los más jóvenes y permitiendo que nos muestren su visión del mundo. De esa forma, solo nos queda sentarnos frente a nuestra consola favorita, y codo a codo y sin importar la edad que tengamos, disfrutar como si tuviéramos 10 años.
jueves, 28 de julio de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Og Mandino (1968): Pergamino nº 5
¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda? Primero, sellaré el contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la arena. No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo desperdiciar lo que es bueno en lo malo? ¿Puede la arena deslizarse hacia arriba en el reloj? ¿Saldrá el sol donde se pone y se pondrá donde sale? ¿Puedo vivir de nuevo los errores del ayer y corregirlos? ¿Puedo hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas? ¿Puedo volverme más joven que ayer? ¿Puedo desdecirme del mal que he hablado, anular los golpes que he asestado, el dolor que he provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él.
Viviré hoy como si fuera el último día de mi vida. ¿Y qué haré entonces? Olvidándome del ayer, no pensaré tampoco en el mañana. ¿Por qué arrojaré el “ahora” detrás del “quizá”? ¿Puede la arena del mañana correr por el reloj antes que la de hoy? ¿Nacerá el sol dos veces esta mañana? ¿Puedo realizar las tareas del mañana mientras me hallo en la senda del hoy? ¿Puedo poner el oro del mañana en la bolsa del hoy? ¿Puede el niño del mañana nacer hoy? ¿Puede la muerte que se producirá mañana proyectar hacia atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy? ¿Debo preocuparme de acontecimientos que quizá nunca contemple? ¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurran? ¡No! El mañana yace sepultado con el ayer, y no pensaré más en él. Viviré este día de mi existencia.
Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad. Saludo este amanecer con exclamaciones de gozo, como un preso a quien se le conmuta la sentencia de muerte. Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable de un nuevo día. Así también me golpearé el pecho con gratitud al considerar a todos los que saludaron la salida del sol del ayer y que hoy no figuran entre los vivos. Soy en realidad un hombre afortunado, y las horas de hoy constituyen algo extra, inmerecido. ¿Por qué se me ha permitido vivir este día extra cuando otros, mucho mejores que yo, han muerto? ¿Será acaso que han cumplido su propósito mientras que el mío está aún inconcluso? ¿Es esta otra oportunidad de convertirme en el hombre que yo sé que puedo ser? ¿Existe un propósito en la naturaleza? ¿Es este mi día para distinguirme?
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Tengo tan solo una vida, y la vida nada es sino una medida del tiempo. Cuando malgasto una destruyo al otro. Si malgasto el hoy destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás. No puede conservarse hoy para ser usada mañana; ¿quién puede atrapar al viento? Asiré con ambas manos cada minuto de este día y lo acariciaré con afecto puesto que su valor es incalculable. ¿Qué hombre moribundo puede comprar el hálito de otro aunque esté dispuesto a dar por él todo su oro? ¿Qué valor asignaré a las horas que me quedan? Las consideraré inapreciables.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Eludiré con ahínco todo aquello que mata el tiempo. A la indecisión destruiré con la acción; sepultaré las dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No escucharé a los labios ociosos; no me quedaré donde hay manos ociosas; a personas ociosas no visitaré. De aquí en adelante sabré que el cortejar la ociosidad equivale a robar alimentos, ropas y calor de aquellos a quienes amamos. No soy un ladrón. Soy un hombre que siente cariño en su corazón y hoy es mi última oportunidad de demostrar mi cariño y mi grandeza.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Los deberes de hoy cumpliré hoy. Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se habrán ido y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré dulcemente; mañana ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado; mañana ya no clamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar, y no habrá nada que recibir.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si es mi último día, será mi monumento más grande. Este día haré el mejor de mi vida. Este día aprovecharé los minutos hasta su máximo. Lo saborearé y daré gracias. Aprovecharé todas las horas y a los minutos canjearé solamente por algo de valor. Trabajaré con más ahínco que nunca y exigiré a mis músculos hasta que pidan el alivio, y aún así continuaré. Haré más visitas que nunca. Venderé más mercancías que nunca. Ganaré más oro que nunca. Cada minuto de hoy será más fructífero y fecundo que las horas de ayer. Mi último día deberá ser mi mejor día.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias".
(Og Mandino).
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